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viernes, 12 de septiembre de 2025

Posted by El Palmar Tv. 19:17:00 No comments

 

Ixtepeque y su Corazón de Obsidiana

En Jutiapa lejano, de cielo brillante,
vivía un volcán chiquitín, elegante.
Se llama Ixtepeque, dormido y callado,
un volcán apagado, pero bien parado.


Mil doscientos noventa y dos metros subía,
con matorrales y piedras que el sol relucía.
No echaba humo, ni lava, ni ruido,
pero tenía un tesoro escondido.

¡Obsidiana brillante, negra y bonita!
parece la noche que nunca se quita.
También hay rojiza, como el sol al bajar,
piedritas que saben cantar y brillar.

Un niño curioso, Ricardo se llama,
le dijo a su madre con toda la gana:
—¡Subiré al volcán, quiero su corazón!
¡Lo busco, lo encuentro, esa es mi misión!

La madre le dijo con voz emocionada:
—Hay una leyenda, de esas bien contadas:
el volcán guarda un corazón de obsidiana,
un regalo de tierra, chispa soberana.

Ricardo subía, ¡qué duro el camino!
Se resbaló mucho, pero iba sin tino.
A cada pasito, sorpresa encontraba:
piedritas brillosas que el sol le mostraba.

Eran estrellitas, redondas, alargadas,
como si el volcán, con manos calladas,
le fuera diciendo: “¡Niño, ven acá!
Mi historia en piedritas te quiero contar”.

Hace mucho tiempo, con fuego y calor,
Ixtepeque rugía con gran resplandor.
Su lava tan rápida se enfrió de repente,
y así nació el vidrio brillante y ardiente.

Ricardo entendió con gran emoción:
el volcán no tenía un solo corazón…
¡Tenía miles, brillando en el suelo,
cuidando la tierra, el campo y el cielo!

Llegó a la cima y nada encontró,
solo tierrita, plantitas y sol.
El cráter tapado dormía tranquilo,
soñando en silencio, guardando su brillo.

Ricardo sonrió y al pueblo miró,
el maíz y los cerros de lejos vio.
Se dio cuenta al fin, con el alma contenta,
que el corazón del volcán en pedacitos se cuenta.

Bajó sin piedras, pero con tesoro,
un secreto guardado que vale más que el oro.
Y cada obsidiana que ahora miraba,
era un regalo del Ixtepeque que hablaba.


Autor: Álvaro Rojas Meléndez

Posted by El Palmar Tv. 18:15:00 No comments

 El Secreto del Abuelito Volcán Suchitán

¡Miren, patojos! ¡Miren, patojas!



¿Ven ese cerro de mil colores?
Grande, verdecito, tocando el cielo,
es el Suchitán, volcán sin desvelo.

Un volcán dormilón, de puro corazón,
que sueña tranquilo, sin gran erupción.
No echa humo, no echa fuego,
solo cuida su pueblo entero.

Allá en Santa Catarina Mita,
la tierra es bonita, bonita, ¡requetebonita!
Suchitán significa “flores sin fin”,
un jardín gigante, ¡de olor jazmín!

En un pueblito chiquititán,
vivía la patoja María, ¡qué gran!
Con su abuelita al lado del fogón,
escuchaba leyendas con gran emoción.

—Mijita —decía la abue con sazón—,
allá en la cima hay una Piedrona grandotototón.
Dicen que brujas la fueron a poner,
para un gran secreto poder esconder.

—¿Qué secreto, abuelita, me puede contar?
¿Será que el volcán me lo quiere enseñar?

—Debajo de esa piedra, con gran resplandor,
vive escondida la Serpiente de Oro.
Con cuernitos dorados y cuerpo brillante,
ella es la guardiana, firme y gigante.

María escuchaba, ¡su corazón brincaba!
Soñaba y soñaba, ¡y más preguntaba!
Hasta que un día dijo: —¡Voy a subir!
Con atol y jocotes me voy a lucir.

Subió y subió, sin parar de subir,
oyendo a los pájaros ¡piu, piu, piu, piuír!
Las flores cantaban, el aire reía,
y el sol en su cara brillaba de día.

De pronto la vio… ¡ay, la Piedrona!
Grandota, callada, tranquila, pachona.
María la tocó con mano ligera:
—¿Hola, Serpiente de Oro, usted está afuera?

La roca tembló, ¡rum, rum, rumbleó!
El volcán susurró, ¡crack, crack, crujeó!
Pero María valiente no se achicó,
una flor de Suchitán en la piedra dejó.

De pronto brilló un destello bonito,
el aire se hizo fresco y fresquito.
El volcán sonrió, la montaña cantó,
y María supo: la serpiente aceptó.

Bajó la patoja feliz de emoción,
llevaba en el pecho pura ilusión.
El secreto guardaba el volcán dormilón:
¡la Serpiente de Oro era su corazón!

Así que ya saben, patojos, ¡mirá!
Suchitán no solo está allí para estar.
Es un abuelo gigante que cuida y protege,
con flores, leyendas y un aire que festeje.

Y colorín colorado, en Jutiapa este cuento encantado ha terminado.

Autor: Álvaro Rojas Meléndez

Posted by El Palmar Tv. 13:55:00 No comments

 

El Guardián Jumaytepeque

En Santa Rosa, allá en el oriente,



vive un volcán alto, tranquilo y sonriente.
No ruge, no asusta, no quiere pelear,
prefiere a los niños historias contar.

“Soy Jumaytepeque, cerro grandulón,
verde, dormilón, guardián de corazón.
No echo fuego, no saco calor,
mi fuerza está en dar vida y amor.”

Los patojos subieron con gran emoción,
por ver de cerquita al noble volcán.
“¿Por qué no explotas? —dijo un patojo—
¿será que tenés miedo o sos medio flojo?”

El volcán sonrió con voz de tambor:
“No soy flojo, patojito, soy volcán protector.
De mis laderas brotan flores y pinos,
vienen a jugar venados y pollinos.”

Arriba brillaba la Cruz del Milenio,
y el aire olía a café pequeño.
Los niños gritaban: “¡Ala, qué chulada!
¡Qué vista tan linda, qué tierra sagrada!”

El volcán les habló con voz de consejo:
“Cuiden mi falda, mi bosque y mi espejo.
No tiren basura, respeten mi ser,
así yo les doy vida una y otra vez.”

Los niños bajaron saltando de gozo,
contentos, alegres, riendo a lo loco.
Y todos aprendieron que ser fuerte es cuidar,
no destruir, sino siempre amar.

Moraleja con rima:
“Si al bosque cuidás y no lo ensuciás,
vida y alegría siempre te dará.”


Autor: Alvaro Rojas Melendez.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Posted by El Palmar Tv. 13:42:00 No comments

 

El Abuelo Quetzaltepeque

¡Hola patojada, escuchen con gana!

Aquí viene un cuento de tierra chapina, tempranito en la mañana.

Había una vez, allá en Chiquimula,
un volcán gigante con carita de abuela chula.
Pero no tiraba fuego, ni ceniza, ni calor,
era un abuelo dormilón, bonachón y de buen humor.

Su nombre era largo, bonito y chapín,
Quetzaltepeque, ¡qué volcán tan fin!
(No como el lujo que brilla y reluce,
sino porque a todos cariño les produce).

En vez de humo y lava que todo arruina,
tenía bosquecitos que cambiaban su esquina.
Verde en verano, dorado en invierno,
con pajaritos cantando su canto tierno.

Pero aquí viene el secreto, ¡pónganse atentos!
¿Por qué “Quetzaltepeque”? ¡Les cuento en un momento!

Hace mucho, pero mucho, en un tiempo lejano,
vivían quetzales con plumaje temprano.
Verdes brillantes, rojos de fresa,
colas larguísimas, ¡qué belleza!

Entre todos había un quetzal chiquitito,
se llamaba Kukul, era puro periquito.
No era el más grande, ni el más pintado,
pero era curioso, alegre y arriesgado.

Volaba a la cima, donde el volcán dormía,
y la nube traviesa lo abrazaba todo el día.
Desde allí miraba el valle y el río,
los pueblos, las casas, ¡todo el gentío!

Kukul y el volcán se hicieron compadres,
uno contaba cuentos, el otro guardaba tardes.
Fue el quetzalito quien un día declaró:
“¡Este volcán será Quetzaltepeque, y así se quedó!”.

Desde entonces el abuelo no duerme de flojo,
sueña cuidando con cariño a su antojo.
Cuida a la gente, al bosque y al río,
y a veces en el viento se escucha su brío.

Así que patojos, si un día ustedes suben,
calladitos, calladitos, que las aves no se asusten,
quizá vean a Kukul con su cola brillante,
volando feliz, ¡como guardián caminante!

Y colorín colorado, del Quetzaltepeque este cuento ha terminado,
con su quetzal alado y su bosque encantado.
🌋🐦🌳


Autor: Álvaro Rojas Meléndez

Posted by El Palmar Tv. 12:06:00 No comments

 

El Volcán San Antonio, el Pequeño Gran Dormilón

En San Marcos, Guatemala, donde canta el pajarón,
vive un volcán distinto… ¡un pequeñón dormilón!

No ruge ni truena, no echa humo al montón,
prefiere quedarse callado en su rincón.

Se llama San Antonio, volcancito especial,
con su manto de árboles y su aire jovial.
Mide dos mil quinientos catorce metrón,
pero entre los volcanes… ¡es un pequeñón!

Anita lo mira con gran admiración,
y Pedrito pregunta con curiosidad y emoción:
—Mamá, ¿por qué nunca hace “¡pum!” este señorón,
si todos los otros despiertan con canción?

La madre sonríe y con calma explicó:
—Nuestro San Antonio hace tiempo durmió.
Hace miles de años quizá despertó,
pero ahora descansa, ¡y en paz se quedó!

—¡Que despierte un poquito! —gritó Pedritín,
—¡quiero ver si guarda tesoros allí!
—Oh no, mi Pedrito —la madre advirtió—,
si un volcán se despierta, ¡qué susto nos dio!

Pero escucha este cuento que el abuelo contó,
un secreto de mayas que el tiempo guardó:
Que dentro de un monte, su primo mayor,
se escondían regalos de vida y amor.

Un pájaro carpintero picó sin parar,
hasta que semillas salieron a volar:
el maíz para tortillas, el frijol para guisar,
el agua fresquita y el fuego al hogar.

—¡Qué maravilla! —dijo Anita con pasión—,
—los volcanes son cofres de vida y canción.
—Así es —dijo madre con dulce emoción—,
y San Antonio protege la vida en montón.

Se puede subir y no es gran misión,
¡en treinta minutos llegas con emoción!
Sus bosques te esperan, su aire es mejor,
paisajes hermosos que llenan de amor.

Es un pequeñón guardián, un volcán de valor,
no necesita rugir ni causar gran temor.
Su fuerza está en dar vida, en cuidar con pasión,
y en soñar tranquilito… cual gran dormilón.

Y colorín colorado este volcán se ha contado,
es un pequeñón sabio que nunca ha fallado.
Que siempre lo cuiden con gran devoción,
¡el San Antonio es orgullo de toda la nación!


Autor: Álvaro Rojas Meléndez

martes, 2 de septiembre de 2025

Posted by El Palmar Tv. 7:01:00 No comments

 

Moyu, el volcán bromista


En Jutiapa lejano, de cielo brillante,
vivía un volcán muy grande y elegante.
Se llamaba Moyuta, grandote y verdoso,
pero todos lo llamaban Moyu, el bromista travieso.

No hacía erupciones ni fuego rugiente,
pero le encantaba asustar a la gente.
“¡Buuu!” soplaba fuerte entre los cafetales,
y los cortadores saltaban ¡igual que los chiquitales!
Luego reían con gran carcajada:
“¡Ese Moyu sí que juega y nos da broma pesada!”

Moyu tenía cuates de gran corazón:
Doña Fumarola, nube de diversión,
Don Cafetal, parlanchín y muy gracioso,
y la Laguna San Juan, espejo silencioso.

—¿Saben qué significa mi nombre? —preguntó Moyu,
y todos se rieron: —¡No, dinos tú!
—¡Lugar de mosquitos! —dijo entre carcajadas—
Sí, los zancudos hacen fiestas por las madrugadas.

Un día Moyu suspiró sin consuelo:
“Quiero mirar el mar, ese espejo del cielo.
Estoy bien altote, ¡mil seiscientos sesenta!
Pero la neblina me tapa la fiesta.”

—¡No te preocupés! —la laguna gritó—
—¡Entre todos los cuates lo lograremos vos!

Fumarola sopló con cachetes inflados,
Cafetal agitó mil granitos tostados,
la laguna brilló como espejo risueño,
¡y la neblina cedió con gran empeño!

De pronto apareció, azul y brillante,
el mar infinito, ¡qué vista elegante!
Moyu soltó risa que todo sacudía:
“¡Al fin veo el mar, qué linda alegría!”

Desde ese día, quien sube a Moyuta,
a veces ve el mar, a veces ni jota.
Porque Moyu travieso se ríe y se esconde,
asusta con vapor… ¡y luego responde!

Pero siempre recibe a los niños contentos,

con cafetales, historias y viento.
Un volcán bromista, juguetón y chapín,
con corazón caliente… ¡y muy traviesín!

¡Y colorín colorado, Moyuta te ha asustado!


Autor: Álvaro Rojas Meléndez

lunes, 1 de septiembre de 2025

Posted by El Palmar Tv. 15:38:00 No comments

 🌋 Don Ipala, el Volcán Coqueto

¡Hola patojada!
¿Ya se acomodaron?
Les cuento de un cerro,
que todos miraron.

En Jutiapa y Chiquimula, allá en el oriente,

vivía Don Ipala, volcán sonriente.
Con mil seiscientos cincuenta metros de altura,
se paraba altivo con mucha postura.

No echaba fuego, ni humo, ni lava,
era un volcán viejo que ya no rugía nada.
“¡Soy extinto, muchá, y no me da pena,
porque en mi cráter guardo mi joya morena!”

La joya brillaba, ¡qué cosa tan fina!
Era la Laguna de Ipala divina.
Redonda, tranquila, azul como el cielo,
verde como monte, plateada cual velo.

“¡Mírenme, mírenme, qué gran tesoro!
¡Soy un volcán bonito, valioso de oro!
No tiro ceniza, tampoco hago lío,
prefiero mostrarles mi espejo bravío.”

Los pájaros bajan, cantando contentos,
las nubes se asoman, se miran al viento.
Mariposas vuelan, las flores lo adornan,
y Don Ipala presume, ¡a todos asombra!

Un día Pacaya gritó con poder:
“¡Yo soy el que asusta, yo sé encender!”
El Volcán de Agua habló con razón:
“¡Yo cuido la tierra, soy todo un campeón!”

Pero Don Ipala, con voz de abuelito,
respondió despacio, sonriendo bonito:
“Cada volcán tiene su propia canción,
el mío es de calma y admiración.

No me comparen, soy diferente,
llevo laguna y soy imponente.
De Jutiapa a Chiquimula me pueden mirar,
¡soy Don Ipala, difícil de igualar!”

Los niños del pueblo subieron contentos,
llevaban canastos, cantaban al viento.
“¡Ala gran chucha! —gritaban con gana—,
¡qué lindo espejo, parece ventana!”

Don Ipala guiñaba, movía la ceja,
se hacía el serio, pero se deja.
Por dentro decía con tono discreto:
“¡Soy el volcán más, más, más coqueto!”

Y colorín colorado,
del Ipala me he enamorado.

Autor: Álvaro Rojas Meléndez

lunes, 25 de agosto de 2025

Posted by El Palmar Tv. 19:07:00 No comments

 

El cuentón de los vendedores ambulantes

¡Hola, hola patojada!



Pónganse vivos, ¡ya empieza la jornada!

En un pueblito chiquitío, entre montañas y volcán,
vivían vendedores que alegraban el plan.

—¡Paaaan, pan fresco, pa’ disfrutar!
¡Salí corriendo, patojo, no te vayás a atrasar!—

Era Don Beto del Palmar,
con su canasto grande, ¡listo pa’ trabajar!
—Deme un quetzal, Don Beto, deme dos mejor,
que ese pancito sabrosito me alegra el corazón.

Y allá en la esquina, firme y sonriente,
venía Don Pablo, panadero de San Felipe.
Con su canasto lleno y paso apurado,
vendía su pan fresco de un lado a otro lado.

A veces corrían, a veces reían,
y con todo su esfuerzo a la gente servían.

¡Y qué decir de Doña Tina y Doña Lipa!
Con su canastío de carne fresquita.
En hojas de mashán la sabrosa envolvían,
y con cuentos y risas la carne vendían.

Y los sábados, ¡púchica qué lío!,
se escuchaba el grito: —¡Ropa traigo en mi tanatío!
Era Don Mingo, con calcetas y camisas,
¡pantalones, playeras, hasta faldas bonitas!
—Apúntelo al cuaderno, la quincena ya vendrá,
y cuando me pagués, ¡contento yo estaré ya!

Todos ellos, patojada, caminaban sin cesar,
con esfuerzo y con sueños que los hacían avanzar.
No tenían carro, ni tienda, ni montón,
pero tenían trabajo, sonrisa y corazón.

Hoy ya no se ven tantos, ya no es igual,
pero si encontrás a alguno en tu barrio o tu portal,
y si conocés a alguno, comentá sin cuidado,
¡colorín colorado, a estos vendedores ya les he pagado!

✍️ Autor: Álvaro Rojas Meléndez

domingo, 24 de agosto de 2025

Posted by El Palmar Tv. 9:57:00 No comments

En Totonicapán, donde el frío se siente temprano,
vivía un volcán con sombrero serrano.

Se llamaba Cuxliquel, ¡qué nombre tan bonito!,
pero todos le decían Cerro Tímido en chiquito.


No echaba humo, no hacía ¡pum!,
ni temblaba fuerte ¡zum, zum, zum!.
En vez de punta filosa como lanza,
tenía cabeza redonda, como niño en balanza.

Los volcanes vecinos, Pacaya y Fuego,
saltaban, gritaban, echaban su juego.
—¡Mirá qué fuerte soy yo! —rugía Fuego sin pena.
—¡Mirá qué valiente soy yo! —gritaba Pacaya en escena.

Pero Cuxliquel bajito pensaba:
“Yo no trueno, no rujo, ni la tierra sacudo,
¿será que no sirvo?, ¿será que no ayudo?”.

Se escondía en las nubes, tímido, callado,
miraba a Totonicapán desde su lado:
niños jugando chibolita en la plaza,
abuelitas tejiendo güipiles en la casa.

“¡Ay, quisiera ser como ellos!”, suspiraba apenado,
“un volcán verdadero, fuerte y respetado”.

Pero shhhh… tenía un secreto escondido:
Cuxliquel era un volcán antiguo, curtido.
No estaba enojado, ya no hacía estruendo,
pero su corazón seguía latiendo, latiendo.

Una mañana el sol se subió a su sombrero,
y Cuxliquel miró todo el valle entero:
los campos de maíz, de cebada, de trigo,
danzaban con el aire como amigos.

¡Ah! —descubrió— “mi calma es regalo,
sin mis enojos el maíz crece sano.
No doy calor de lava ni fuego,
pero mi corazón da vida sin ruego”.

Ese día llegó una familia con flores,
con incienso y rezos, con cantos y olores.
—Gracias, volcán —dijo el papá emocionado—
—por la lluvia, por el maíz, por lo cosechado.

Y Cuxliquel sonrió con su cara redonda:
“¡Ser guardián de mi pueblo es tarea profunda!”.

Ya no quiso ser como Fuego ni Pacaya,
él tenía su gracia, su calma, su maya.
Un volcán con alma de cerro sencillo,
un amigo callado, tierno y sencillo.

Los otros podían gritar y brincar,
él sabía su fuerza: cuidar y amar.

Y desde ese día, jamás dudó,
orgulloso de ser quien siempre fue, siguió.

Colorín colorado, este volcán tímido se ha acerrado.

Autor: Álvaro Rojas Meléndez

martes, 19 de agosto de 2025

Posted by El Palmar Tv. 19:26:00 No comments


Había un hombre en El Palmar,
¡Don Luis Ismael, un gran trabajor!
No era famoso, no era un doctor,
pero siempre andaba con mucho fervor.

Cada día caminaba sin parar,

con un morralito listo para viajar.
Llevaba telegramas, ¡oh, qué emoción!
Mensajes importantes para toda la región.

"¡¿Qué es un telegrama?!", puedes preguntar.
¡Pues era un papel que no podía esperar!
No había celulares ni teléfonos en su época,
solo telegramas que corrían como una roca.

Don Luis cruzaba ríos y montañas altas,
con lluvia, sol o tormentas que daban saltos.
Su trabajo era entregar un mensaje urgente,
aunque el camino fuera muy diferente.

A veces, el telegrama decía:
"¡Tu tío se fue al cielo, ya no está en la vía!"
O de las fincas decía el patrón:
"¡Aquí vienen los trabajadores, qué emoción!"

La gente esperaba con mucho afán,
porque sin esos papeles no sabían qué harán.
"¿Cuándo llegan?", se preguntaban todos,
y Don Luis llegaba, ¡siempre con modos!

Con el telegrama en la mano,
subía montes, bajaba en un plano.
De las fincas a los pueblos, sin descanso,

llevando noticias en cada paso franco.

En Loma Linda, a veces iba a pie,
y no le importaba si hacía mucho calor o un desdén.
Por solo cinco quetzales, ¡y qué gran honor!,
entregaba el mensaje con gran fervor.

Aunque a veces el sendero era difícil,
y el río Nima le daba un gran susto,
Don Luis cruzaba, sin perder su paso,
y se metía en el agua con un gran abrazo.

A sus 60 años, sigue su labor,
¡el trabajo sagrado, su gran amor!

A veces lleva carga o limpia algún lugar,
y con humildad, se pone a trabajar.

"El trabajo es sagrado", siempre decía,
y aunque sea sencillo, lo hacía con alegría.
Con su morralito, y su paso tan firme,
Don Luis enseñó a todos que el trabajo es sublime.

Así que si ves a Don Luis por ahí,
¡salúdalo con alegría y mucho frenesí!
Porque él nos enseñó con su gran corazón,
que el trabajo honesto siempre es la solución.


Autor: Alvaro Rojas Melendez.

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