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Invítanos un café

jueves, 21 de octubre de 2021

En una época donde comenzó el apogeo del cultivo del café, varios extranjeros en su mayoría alemanes compraron grandes extensiones de terreno para cultivarlo y así su riqueza incrementar.

Fue así que dichas fincas se desarrollaron por varias décadas, uno de estos terratenientes, Herman que se acento en el lugar, mucha gente contrataba para su café poder cortar.

Su finca fue prospera durante mucho tiempo, construyendo su casa en una colina cercana al volcán.

Herman  al  ver  la  prosperidad  que  la  tierra  le  brindaba,  trajo  a  su familia de Alemania.

Él  tenía  una  hija  llamada  Adelaida  con  especial  hermosura,  cabellos dorados, labios gruesos rojo intenso y una mirada cautivadora.

Cierta tarde un joven se acercó al portón de la casa de Herman, iba vestido con un traje blanco, montado en un bello corcel, él se presentó con Herman, como un vecino del lugar, que decía poseer grandes extensiones de terreno, y que su único interés era conocer a aquella joven de belleza singular.

Adelaida,  desde  lo  alto  se  percató  del  visitante  quedando  flechado también por su porte.

.Herman  al  conocer  las  intenciones  de  aquel  joven,     termino   por  mandarlo  a  sacar  de  aquel  lugar,  tachándolo  de  impostor  pues  él conocía a los demás finqueros del lugar.

Durante varias noches, Adelaida salía en el corredor de la casa, contemplaba la inmensidad y suspiraba por aquel joven, para ella el era único y nadie del lugar se comparaba con el actuar de aquel personaje.

Pero una de tantas noches, escucho a lo lejos del camino que llevaba a la casa de Herman, el galope de un caballo, divisando al joven jinete, que al llegar cerca de ella, él se presentó,

diciéndole “soy el dueño del lugar”

conversaron por horas y sin saber porque a la joven encontraron los sirvientes  desmayada  en  el  piso  del  corredor  de  la  casa,  totalmente sola

La historia se repetía cada viernes por la noche, a la chica desmayada encontraban en el corredor de la casa de Herman.

Se trataba del dueño del volcán que enamorado por la belleza de aquella joven cada noche se acerba al  lugar,  que,  por  ser  un  ser  sobrenatural,  aquella  chica  no  podía soportar estar mucho tiempo ante su presencia.

Fue así como Juan Noj le dijo a Herman, que su finca destruiría, si a su hija no la dejaba a su merced. Puesto que la finca de Herman en sus dominios se encontraba.

Herman de tanto pensarlo, decidió llevarse  a  su  hija  lejos  de  lugar,  pero  donde  quiera  que  estuviera aquella joven mujer, nunca pudo evitar la visita del señor del volcán.

Juan Noj molesto por no poderse llevar a su amada, destruyo muchas plantaciones de café que Herman había ordenado sembrar en los alrededores del volcán, destruyo puentes, destruyo caminos. Pero lo más difícil para Herman fue ver a su hija enfermar Y poco a poco logro convencerse que tarde o temprano terminaría llevándose la vida y alma de su hija el señor del volcán.

Herman  acepto,  pero  con  una  condición.  que  mas  tarde  se  daría  a conocer. Fue entonces que Juan Noj llego en una noche de luna llena a la casa de Herman, llevándose en su caballo blanco a aquella joven mujer que también enamorada decidió dejar su cuerpo terrenal en las cercanías del volcán.

Internándose su alma en lo más profundo de la casa de Juan Noj.

La condición que pidió Herman fue ser enterrado en los alrededores del volcán, para estar cerca de su hija amada, entregada al señor del volcán.

Es por ello que cerca del volcán un cementerio se ordeno establecer.

Donde Herman y su esposa pudieron establecer una morada cercana a su hija amada Adelaida.


Autor:

Alvaro Ricardo Rojas Meléndez 

Historias del dueño del volcán 2021. 

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